Educación

¿Coaching en la escuela?-José María Fernández Rodríguez

¿Coaching en la escuela?

La educación es materia latente de la preocupación social. Cuando no es el debate político o la promulgación de sucesivas leyes, la comunidad reclama del sistema educativo respuesta a las necesidades de capacitación profesional y académica o de desarrollo cívico de la ciudadanía. Tampoco es infrecuente la crítica a la calidad del servicio educativo y, en definitiva, es unánime la demanda de dicha calidad al sistema, centros educativos y servicio prestado por maestros y profesores. La preocupación por la calidad en la enseñanza es compartida internacionalmente hasta el punto de que es objeto de numerosos estudios y clasificaciones por parte de diversos organismos (PISA, OCDE Learning Framework 2030, Informe McKinsey, entre muchos otros).
La reflexión y el análisis de los factores que contribuyen de una u otra manera al aprendizaje recibió un importante impulso gracias al trabajo de John Hattie y su equipo, plasmado en Visible Learning y su revisión de 2016 – Aprendizaje Visible para profesores, maximizando el impacto en el aprendizaje (Ed. Paraninfo Universidad, Colección Didáctica y desarrollo. Traducción de Carmen Ors; ISBN: 9788428338608)-. Entre las conclusiones de este macro estudio, que se enfrenta a unas 50.000 investigaciones empíricas que reúnen muestras que afectan a 80 millones de estudiantes, sintetizadas en cerca de 800 meta-análisis específicos, es destacable la identificación de la calidad personal y profesional del docente como el factor de aprendizaje más relevante que depende de la escuela. En el estudio de Hattie, la media de influencia de los cientos de factores que contribuyen al aprendizaje se sitúa en el valor 0.4. Los factores relativos a los atributos del profesor alcanzan el índice de 1.62, obteniendo la “credibilidad del docente” una puntuación de 0.9, la “claridad del maestro” un valor de 0.75 y la “relación profesor-alumno” 0.52.
Junto a ello, otros factores de aprendizaje, popular y generalizadamente perseguidos como “griales” de la calidad educativa, se sitúan en la tabla de valoración del informe muy por debajo de los relativos al docente e incluso de la media (0.4) de todos los factores analizados. Así, los programas bilingües, asociados a la fuente de influencia “planes de estudio”, merecen un valor de 0.36; la gamificación, 0.35; la tecnología en secundaria, 0.3; las herramientas digitales en linea, 0.29, la intervención temprana en Infantil, 0.29; los métodos audiovisuales, 0.26; portátiles individuales, 0.16.
Si bien todos podíamos sospechar que un buen “maestro es quien hace la diferencia” (Isauro Blanco), comparar las valoraciones recogidas en el estudio respecto al docente con la que obtienen otros factores de aprendizaje nos sitúa en un marco para la toma de decisiones sobre la calidad en la educación en la que el cuidado del desarrollo profesional y personal de los docentes es la clave fundamental para la mejora del sistema. De ahí que los sistemas educativos más exitosos hayan puesto el acento de sus reformas en la formación del profesorado y el reclutamiento o selección del mismo antes que en la elaboración de exhaustivos planes de estudio, la imposición de especulativos sistemas pedagógicos o la generación de sistemas de control hiper-burocratizados.
Junto al papel relevante del docente, los avances en la calidad de la educación insisten en la centralidad del proceso de “aprendizaje” frente al protagonismo de la “enseñanza”. Por perogrullo que resulte, parece que no siempre lo evidente preside nuestras decisiones y es que las escuelas no tienen como finalidad “enseñar”, sino que los alumnos “aprendan”. En coherencia con tal criterio, el protagonismo en el desarrollo personal y profesional del maestro habrá de recaer en él mismo.
Finalmente, frente a la tendencia especulativa que todo lo convierte en procedimiento homologado, planificación teórica y desarrollo de principios abstractos, la alternativa fenomenológico-existencial ha venido a poner el acento del desarrollo del aprendizaje en el encuentro con la realidad (personal, social, física), la acción y la experimentación como presupuestos de un aprendizaje reflexivo: cognición y metacognición requieren previa acción. “Aprender haciendo” es el título del manual del Curso de Coaching Escolar Estratégico dirigido por Isauro Blanco.
En este triple contexto en el que el desarrollo del maestro se sitúa como clave de mejora continua y avance en la excelencia educativa se ubica la irrupción del coachig en la escuela. Como se ve, no estamos ante cualquier tipo de coaching. Se trata de contar con instrumentos al servicio del acompañamiento profesional que posibiliten el aprendizaje continuo del docente y su mejora personal. Porque junto al conocimiento de la materia y la habilidad didáctica, el maestro ha de ofrecer a sus alumnos un referente humano que merezca la pena en coherencia con la formación integral misma que se pretende. Estamos ante una compleja y apasionante actuación que supone observación, diálogo técnicamente orientado, una forma muy diferente de mirar al otro y, hay que decirlo, unos referentes psicológicos, educativos y filosóficos que eviten caer en la autoayuda o las simplificaciones que abogan por la “felicidad” o la “positividad”. En definitiva, una estrategia que confía en las personas y en su capacidad para crecer juntos.

José María Fernandez es coordinador de la Escuela de Coaching Escolar Estratégico MEVISUR-FESAC, Coach, colaborador de Isauro Blanco y consultor permanente de varias instituciones titulares de centros educativos. Publicado en Educando Seguro en enero de 2020.

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